Sendero Azul de Barbate

Si el encuentro de tierra y mar resulta apacible en la playa de la Hierbabuena, ahora, en el acantilado, ambas fuerzas dan como resultado una inexpugnable barrera sólo accesible a una fauna y a una flora mucho más abundante de lo que pudiera parecernos.

Esta pared, con más de cien metros de desnivel en su punto más alto, es constantemente moldeada por los efectos de un mar abierto y un viento de levante que han permitido numerosos abrigos y oquedades, hasta convertirla en una privilegiada pajarera sobre el mar. Los brotes de agua, los caños, que de él emergen, son otro agente que contribuye a la creación de pequeños refugios donde cobijarse, y de caprichosas formas como la conocida por los lugareños como la piedra "aislá".

Con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de la Fundación Biodiversidad​

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