5. Cordón Dunar

La formación de los sistemas dunares depende, fundamentalmente, de la acción del viento sobre las masas de arena del litoral. Los sedimentos arenosos móviles pueden ser fijados por obstáculos vegetales. Con el paso del tiempo, el sistema completo de ondulaciones sucesivas se convierte en un hábitat que da cabida a sus propias peculiaridades biológicas. Pero, además, las dunas ofrecen una reserva de arena de la que se puede servir la playa en tiempos de crisis (presencia de temporal).

Las condiciones ambientales que se dan en Rota favorecen la formación de las dunas. Aquí, los sistemas dunares reciben el influjo del viento predominante de poniente tierra adentro. En esta zona del litoral, el rango de marea es bastante amplio. Por eso, se descubren grandes cantidades de arena que, por efecto del poderoso sol, se seca con rapidez. Por eso, la acción del viento es más eficaz a la hora de trasladar los embriones de las futuras dunas.

Contemplar las diferentes formas de vegetación que pueden encontrarse en el ecosistema dunar es un formidable ejercicio sobre artes de supervivencia. Las dunas no son un lugar especialmente placentero para la vida. El azote del viento produce una constante deshidratación del terreno y un efecto permanente de abrasión por contacto. Además, las partículas de sal bombardeadas desde el mar y la estructura granulada del terreno convierten la fijación de humedad en una aventura casi imposible.

El barrón es la especie vegetal más importante del sistema dunar roteño. Es capaz de crecer según va quedando enterrado (hasta medio metro por año) y su crecimiento sirve, además, para que la arena siga acumulándose y la duna aumente de tamaño.

Es destacable la presencia del camaleón común (Chamaeleo chamaeleon), especie que aparece en el “Listado”, según el Catálogo de Fauna Amenazada de Andalucía.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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