5. Arqueología submarina

En la zona de Cabo Peñas es muy probable que, a lo largo de la historia, hayan ocurrido un gran número de accidentes marítimos. Existen unos restos sumergidos ampliamente estudiados pertenecientes al denominado “pecio de Bañugues”. Asimismo, hay que tener en cuenta que en esta zona del Cantábrico las condiciones de la mar tienden a destruir o a ocultar totalmente los posibles restos arqueológicos, por lo que las prospecciones submarinas son de difícil ejecución. Son numerosos los datos conocidos actualmente referentes a hallazgos de restos sumergidos de diferente índole, datados entre principios y finales del siglo XX. Algunos de ellos, por su proximidad a la costa, pueden ser utilizados como punto de atracción en el buceo de recreo.

El Pecio de Bañugues es uno de los pecios más importantes encontrados a lo largo del litoral asturiano, tanto por su antigüedad (el naufragio se ha fechado en 1698), como por la excepcional presencia de documentación histórica que hace referencia a su naufragio. El enclave donde se encuentran los restos del pecio está situado al oeste de la ensenada de Bañugues, a unos 200 metros mar adentro, a profundidades que oscilan entre 5 y 9 metros, y junto al islote conocido como El Corbiro. Los fondos que rodean al islote están caracterizados por el predominio de grandes rocas, la presencia de numerosos canales y de algunas playas de arenas y gravas cubiertas por comunidades de algas feofíceas, esencialmente laminariales (Laminaria ochroleuca). Los restos están integrados por cuatro piezas de artillería y un gran número de bolas de munición. Los dos primeros cañones se encuentran uno sobre otro formando un aspa, de manera que el superior se puede ver en su totalidad, mientras que cubre parcialmente el inferior. Estas piezas se encuentran soldadas entre sí, y el conjunto soldado al fondo por efecto de la corrosión del hierro por el agua de mar. El cañón superior tiene una longitud de 1,90 m. y un diámetro de 19 cm., siendo el interior de 8 cm. La caña va engordando progresivamente, alcanzado 21 cm. de anchura en la parte central, 31 cm. en la parte posterior y 40 cm. en la zona de los muñones. El segundo cañón alcanza una longitud de 1,30 m., mientras que las longitudes de la boca son similares a la primera pieza. El tercer cañón, situado a unos 18 m. de los dos primeros en dirección sur, se encuentra muy deteriorado, tanto por la acción del agua marina como por los desperfectos causados en su superficie por los erizos de mar, que han llegado a horadar su dura superficie de hierro. Por último, un cuarto cañón se localiza hacia el norte, a 20 m. de los dos primeros. Alrededor de las piezas de artillería, en un radio de dispersión de unos 100 metros cuadrados, se localizan numerosos restos de munición. Se reconocen bolas de dos calibres diferentes, las mayores con una circunferencia de 68 cm. y un diámetro de 19 cm., siendo las otras mucho más pequeñas. Las bolas se encuentran fuertemente concrecionadas y soldadas al fondo rocoso.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

fb.png