4. Poblado Eneolítico

Al finalizar el recorrido paralelo al Espacio Litoral Las Amoladeras, por la pasarela hacia la playa, del acceso Sur, encontraremos la señalización del Poblado Eneolítico con una escueta información. Ya llegando a Cabo de Palos.

Hace unos 5000 años, en los inicios de la Edad de los Metales, un grupo de personas se estableció en esta zona, seguramente atraídos por la disponibilidad de recursos naturales. La cercanía de la costa les permitió practicar la pesca y la recolección de marisco. Además, las áreas bajas, ocupadas hoy por las salinas de Marchamalo, eran entonces marjales de agua dulce que favorecían la práctica de la caza, fundamentalmente de aves acuáticas, ciervos y jabalíes, así como el desarrollo de la agricultura. Las viviendas eran chozas circulares de cañizo y barro, con hogares en el centro que permitían protegerse del frío y de la humedad. Juntos a estas chozas se han localizado hornos primitivos, cuyo fin era la producción alfarera, aunque también servían como vertederos, habiéndose encontrado en su interior un gran número de huesos y conchas marinas. Hoy día sabemos que los habitantes de este poblado empleaban molinos de mano para triturar cereales y se servían de utensilios de hueso y de útiles líticos, especialmente puntas de sílex. Todo hace suponer que practicaban una economía de subsistencia, aunque es posible que elaboraran adornos con conchas de moluscos que eventualmente podían emplear como moneda de cambio en sus transacciones con las comunidades del interior. En las inmediaciones de La Manga del Mar Menor se han encontrado vestigios íberos, fenicios, griegos y púnicos. Durante la dominación romana se desarrolló en la zona una gran actividad económica; y con la presencia árabe la agricultura y la ganadería. Finalmente, de la época medieval podemos destacar algunos restos de torres vigías construidas para repeler los frecuentes ataques de piratas berberiscos.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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