3. Flora de Cabo Udra

En un medio adverso de fortísimos vientos, salinidad e insolación, la riqueza vegetal de Udra convierte el cabo en un espacio singular.

Domina el paisaje el matorral, formado principalmente por brezos y tojos costeros que crecen en forma de almohadas, de manera redondeada y a escasa altura, para adaptarse al fuerte viento. La angélica, la colleja de mar, la margarita grande de acantilado, el torvisco y el jaguarzo blanco se hallan también en este hábitat de excepcional valor ecológico, tan escaso en el resto del continente europeo, que fue considerado de interés prioritario por la UE. En la parte baja de los acantilados, salpicada por las gotas de agua salada, nacen el perejil de mar y la armería, y en las grietas protegidas y húmedas encontramos el helecho marino. En los arenales surgen la oruga marina, la corregüela marítima y el cardo marino, al que se suma en las pequeñas dunas el barrón. En los roquedales, los líquenes son los protagonistas.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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