10. Ermita de Santa Marta

Situada en la península que también lleva su nombre, detrás de esta pequeña capilla –de planta rectangular y una nave– se esconden algunas de las páginas crueles de la historia de Baiona.

Por su situación, la ermita sufrió los acosos de los piratas que asolaban la villa, que la destrozaron y quemaron repetidas veces (uno de ellos, el pirata Drake, que en 1585, cuando quemaba la capilla, fue repelido por las fuerzas y vecinos de Baiona). Ya en tiempos de sosiego, fue restaurada por los vecinos, quienes de su estilo románico de transición sólo pudieron mantener la puerta Sur, de arco semicircular y tímpano liso.

Con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica

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